Claro que conocía las ortigas antes de cocinarlas.

Mi primer recuerdo fue de peque a los 6 o 7 años en una excursión en la montaña. Me agaché para hacer pipi y… bueno, te puedes imaginar el calvario 😛

Varias veces más recogiendo otras plantitas por el bosque tuve el placer de sentir los picores en mis manos. Y esa leyenda de que si tocas la planta aguantando la respiración no te pican. Creo que a mi me funcionó y no sé si es porque es real o por el poder de la fe y la mente 😛

El caso es que esta semana las vi en el mercado y me apeteció probarlas en una rica sopita.

Y si, rica es poco. Ahora las compro cada vez que las encuentro. Este invierno 2015-2016 ha estado lleno de sopas y cremas de ortigas en mi mesa 🙂

Y te contaré que usé guantes de latex para lavarlas y prepararlas, jeje

Las ortigas son diuréticas, depurativas, cargadas de minerales como el potasio, el hierro y el magnesio y vitaminas A, C y del grupo B… Clorofila, ácido fólico, propiedades digestivas, protectora del hígado, favorece la circulación sanguínea, etc.

Así que además de ricas tienen muchas propiedades beneficiosas para cuidar de ti.

 


Preparación de la Sopa de Ortigas

  1. Sofríe la cebolla morada cortadita a dados durante unos minutos
  2. Añade un litro de agua o caldo con la patata pelada y cortada y lleva a ebullición
  3. Quita el tallo grueso de las ortigas y quédate con las hojas más tiernas. Lábalas y ponlas en el caldo dejando algunas a parte
  4. Hierve durante 10 minutos, añadiendo la sal, y dos o tres minutos antes de apagar añade las que habíamos separado. Esto le da un sabor más intenso a la sopa
  5. Ya puedes servir con un chorrito de aceite virgen extra de oliva, gomasio o nuez moscada

 

Ingredientes

  • 1 manojo de ortigas
  • 1 patata
  • 1 cebolla morada
  • 1l de agua o caldo vegetal
  • sal o gomasio, a tu gusto
  • AVOE
  • nuez moscada

 


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